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LA DIETA DEL AUTISMO, una posible ayuda, pero no una solución

Por Carolina Reyes – TO U. de Chile

Desde hace algunos años se han postulado algunas hipótesis respecto a la relación que existe entre la alimentación y las características o conductas problemáticas en algunos niños con trastorno del espectro autista.

Desde la década de los sesenta comenzaron a desarrollarse una serie de trabajos de investigación en EE.UU. e Inglaterra, en los cuales se señalaba la posible relación entre la alimentación y una serie de trastornos que van desde las alergias, las intolerancias alimentarias y los efectos opiáceos de algunos componentes del trigo y la leche de vaca.

Las principales evidencias de estos estudios apuntan a una probable acción de opiáceos externos. Tanto la leche de vaca como la de cabra, el trigo, el centeno y la cebada poseen proteínas como la caseína y el gluten, cuya estructura no  puede ser digerida completamente por el metabolismo humano y su acumulación en el organismo podría presentar propiedades opiáceas (similar a la morfina). La mayoría de las personas degradan estas proteínas en el intestino delgado, por lo tanto no ingresarían al torrente sanguíneo. Además, tanto el intestino como la red de vasos sanguíneos que irrigan el cerebro (barrera hematoencefalica) impiden el paso de estas proteínas al cerebro.

Si bien, los estudios proponen que todos estamos sometidos a niveles de intoxicación, se cree que en la población de niños con autismo existiría una mayor tendencia a presentar errores del metabolismo que impiden degradar estas moléculas y/o presentar mayor permeabilidad en las barreras naturales, por lo tanto, podrían llegar a sitios del cerebro que intervienen en el desarrollo del lenguaje, las habilidades comunicativas, las relaciones personales y la modulación de emociones  y sensaciones, afectando las funciones cognitivas en varias áreas.

Los investigadores sugieren una intervención a temprana edad, pues estas exorfinas generan una alteración neurotóxica y por tanto, daño acumulativo que podría ser irreversible. En EE.UU se practican exámenes de ácidos orgánicos bastante más exhaustivos que en otros países, que permiten estudiar los perfiles metabólicos de los niños y determinar si es necesario  utilizar una “dieta de eliminación”.

Además de las posibles alteraciones metabólicas, algunos investigadores sostienen que muchos niños con autismo presentan alergias alimentarias, intolerancia o hipersensibilidad a algunos alimentos como colorantes o productos de fantasía, los cuales generarían diferentes alteraciones, tanto a nivel intestinal como manifestaciones cutáneas. Incluso se cree que pueden existir algunas alteraciones estructurales en el intestino similares a los celiacos. Para identificar estas situaciones, el médico solicita exámenes para determinar probables alergias. Los niños con autismo no tienen mayor probabilidad de alergia que un niño sin esta condición,  pero sus manifestaciones son diferentes.

Estas alteraciones tendrían directa relación con dificultades conductuales, irritabilidad, dificultades en el control de la ira, inatención, etc. Si pensamos en un niño con dificultades en la comunicación, que siente dolores, cólicos o malestar,  pero no puede manifestar su situación, podríamos sugerir que sus conductas son la única forma de expresar sus molestias. Es por ello que algunos especialistas sugieren la toma de exámenes y comenzar con una dieta de eliminación.

En base a lo anterior, se cree que las dietas de eliminación podrían evitar el daño que mucho alimentos probablemente ocasionan, su  aplicación ha sido muy difundida y recomendada pero lo cierto, es que no existe evidencia fehaciente que nos permita aseverar su efectividad, pues no existen investigaciones validadas que confirmen todo lo que se ha hipotetizado. No obstante, existen reportes de las familias que han iniciado esta dieta y un gran número refiere mejorías importantes en la atención, la comunicación, en  la intención comunicativa, en el nivel de agresión, en las estereotipias motoras y en la vinculación.

Cabe destacar, que las dietas de eliminación no deben considerarse como una alternativa opuesta al tratamiento, ni como la solución al problema. Si bien en algunos niños los síntomas pueden disminuir, la totalidad de los niños mantienen su diagnóstico y continúan con el esquema de intervención para mejorar su desarrollo social y funcional.

Algunas de las dificultades de las dietas de eliminación son:  la complejidad para poder cumplirlas a cabalidad, ya que limitan el consumo de muchos alimentos de ingesta común y los reemplaza por otros que generalmente son de mayor valor. Además, cuando un niño comienza con este nuevo esquema alimentario, es importante que el grupo familiar se adhiera a estos nuevos hábitos,  ya que así es más factible que el niño solo tenga acceso a los alimentos que puede ingerir y no tenga la posibilidad de obtener los alimentos prohibidos, pero es complejo conseguir la adherencia de todos los integrantes de la familia. Otro aspecto importante, es que la eliminación completa de toxinas del organismo puede tardar semanas o meses, por lo que se sugiere realizar la dieta al menos 3 meses para ver resultados, sin embargo, muchas personas abandonan la dieta antes del tiempo recomendado por desconocimiento o por no notar cambios inmediatos.

¿Cuándo es pertinente consultar a un especialista por una dieta de eliminación?

Seria pertinente consultar en casos de alergia o intolerancia alimentaria, en presencia de cambios de comportamiento asociados a ingesta o cambios de algunos alimentos, trastornos del sueño asociados a alimentación, sudoración atípica, excesiva sed, cambios de coloración o pigmentación en regiones de la piel, olor y color extraño en la orina y heces, antecedentes familiares de enfermedades metabólicas  o celiacos, heces blandas o con comida sin digerir y alteraciones en el peso.

Es importante siempre realizar este tipo de intervenciones bajo la recomendación de un médico especialista en el área, que se encargue de solicitar los exámenes necesarios y recabar antecedentes del niño de manera exhaustiva. Asegurando la integridad de su estado nutricional.

En conclusión, es posible señalar que las dietas de eliminación podrían ser una alternativa para mejorar sintomatología en algunos niños con autismo, sin embargo, la carencia de estudios y la poca fidelidad de las investigaciones que se han realizado hasta ahora, no permite generar recomendaciones fiables. Se sugiere que los padres evalúen en conjunto con el médico especialista un posible cambio de alimentación si el niño cumple con algunas de las características mencionadas anteriormente, teniendo en conocimiento los pro y contra que esto implica.

Fuente: Biological Treatments of autism, elimination Diets. A Critical Review, Revista chilena de pediatría.